Cuando empecé a preguntarme si algunas cosas que veía en mi hijo formaban parte simplemente de su manera de ser o podían significar algo más, una de las primeras cosas que hice fue buscar información.
Y ahí empieza muchas veces el problema.
Encuentras listas de “señales de autismo”, vídeos, comparaciones, experiencias de otras familias… y es muy fácil empezar a analizar cada gesto de tu hijo.
Con el tiempo aprendí algo que me parece importante compartir desde el principio:
una señal aislada no significa que un niño sea autista.
El autismo se valora observando el desarrollo global del niño, su comunicación, su manera de relacionarse, sus comportamientos y cómo todo ello afecta a su vida cotidiana. Además, cada niño autista es diferente y no todos presentan las mismas características. El CDC recuerda expresamente que algunos niños sin TEA pueden mostrar también algunas de estas conductas. Puedes consultar aquí su guía sobre signos y síntomas del autismo.
Si estás empezando a familiarizarte con términos como autismo, TDAH o neurodiversidad, antes puede ayudarte leer nuestra guía sobre qué es la neurodivergencia y cuándo puede ser útil buscar una valoración profesional.
Lo que sí puede ocurrir es que determinadas características, especialmente cuando aparecen juntas, se mantienen en el tiempo o dificultan el día a día, nos indiquen que merece la pena consultar con un profesional.
1. Responde poco o de forma irregular cuando le llaman por su nombre
Una de las cosas que puede llamar nuestra atención durante los primeros años es que el niño no responda habitualmente cuando le llamamos por su nombre.
Puede parecer que no escucha, continuar con lo que está haciendo o responder únicamente en algunas situaciones.
Esto no significa automáticamente que exista autismo. Puede haber otras explicaciones, incluida una dificultad auditiva.
Pero si ocurre de forma persistente, merece la pena comentarlo con el pediatra. El CDC incluye la falta de respuesta al nombre entre las características que pueden observarse en algunos niños autistas. Puedes verlo en su información sobre señales del TEA.
2. Utiliza menos gestos para comunicarse
Antes de hablar, los niños ya nos cuentan muchas cosas sin palabras.
Nos miran, señalan, nos enseñan objetos, levantan los brazos para que los cojamos o intentan hacernos partícipes de algo que les ha llamado la atención.
En algunos niños autistas puede observarse un uso menor o diferente de gestos comunicativos.
A mí me parece especialmente útil fijarnos no solo en si el niño pide aquello que necesita, sino también en si intenta compartir contigo algo simplemente porque le interesa.
La Asociación Española de Pediatría incluye entre sus señales de alerta cuestiones como no señalar para pedir o compartir, dirigir poco la mirada o mostrar escaso interés por algunos juegos interactivos. Puedes consultar aquí sus señales de alerta para la detección del autismo.
3. El lenguaje tarda en aparecer o evoluciona de una forma diferente
Algunos niños autistas empiezan a hablar más tarde.
Otros desarrollan lenguaje dentro de los tiempos esperados, pero lo utilizan de una manera diferente.
Por ejemplo, pueden repetir palabras o frases que han escuchado —lo que conocemos como ecolalia—, utilizar expresiones muy concretas o tener dificultades para mantener una conversación de ida y vuelta.
El retraso del lenguaje por sí solo no significa autismo.
Hay muchas razones diferentes por las que un niño puede tardar más en hablar.
Si el lenguaje es una de tus principales preocupaciones, lo importante es valorar el conjunto del desarrollo y consultar cuando sea necesario con pediatría, logopedia u otros profesionales especializados.
El NHS también recoge entre las posibles características del autismo empezar a hablar más tarde, repetir palabras o frases y presentar diferencias en la comunicación. Puedes consultar su guía sobre señales de autismo en niños.
4. Utiliza el contacto visual de una manera diferente
Esta es probablemente una de las señales que más aparecen cuando empezamos a buscar información sobre autismo.
Pero creo que hay que explicarla bien.
No todos los niños autistas evitan mirar a los ojos y utilizar poco contacto visual tampoco significa necesariamente que exista autismo.
Algunos niños pueden utilizarlo con menor frecuencia, mantenerlo durante menos tiempo o no recurrir a la mirada de la misma manera para comunicarse.
Por eso prefiero no hablar simplemente de “falta de contacto visual”.
Me parece más útil observar cómo utiliza el niño la mirada dentro de la comunicación con otras personas.
El NHS habla precisamente de utilizar el contacto visual con menor frecuencia, no de una ausencia absoluta. Puedes ampliar esta información aquí.
5. Se relaciona o comparte el juego de una manera diferente
En algunos niños pueden aparecer diferencias en la forma de participar en juegos sociales o relacionarse con otros niños.
Por ejemplo:
- pueden preferir jugar solos;
- puede costarles incorporarse al juego de otros;
- pueden compartir menos aquello que les interesa;
- pueden tener dificultades para interpretar determinadas situaciones sociales;
- o pueden querer relacionarse, pero no saber muy bien cómo hacerlo.
Y esto me parece importante.
Un niño autista no tiene por qué ser un niño que “no quiere relacionarse”.
A veces quiere hacerlo, pero lo hace de una manera diferente o necesita más apoyo para desenvolverse en determinadas situaciones sociales.
El NHS recoge entre las características posibles tener dificultades para incorporarse al juego de otros niños o mostrar diferencias en el juego imaginativo. Puedes consultar aquí la guía completa.
6. Realiza movimientos o acciones repetitivas
Balancearse, mover las manos, saltar repetidamente, girar o manipular objetos de una determinada manera son algunos ejemplos de movimientos repetitivos que pueden aparecer en personas autistas.
También pueden repetirse palabras, sonidos o determinadas acciones.
Y aquí hay algo que, como madre, me parece importante entender:
estos movimientos no son necesariamente algo que haya que eliminar.
En algunas personas pueden ayudar a autorregularse, manejar determinadas emociones o gestionar situaciones que resultan demasiado intensas.
Antes de intentar corregir una conducta, puede ser mucho más útil preguntarnos qué función está cumpliendo para el niño.
El CDC incluye entre las características del TEA acciones como aletear las manos, balancearse, girar, repetir palabras o jugar con objetos de una forma repetitiva. Puedes verlo en su guía de signos y síntomas.
7. Reacciona de manera muy intensa —o muy poco— ante determinados estímulos
Este fue uno de los conceptos que más me ayudó a comprender determinados comportamientos: el procesamiento sensorial.
Algunos niños pueden reaccionar intensamente ante:
- ruidos;
- luces;
- determinadas prendas;
- etiquetas de ropa;
- texturas;
- olores;
- sabores;
- contacto físico.
Otros parecen buscar constantemente determinadas sensaciones, como movimiento, presión, saltos, giros o tocar ciertos objetos.
Cuando empezamos a comprender que un ruido que para nosotros es simplemente molesto puede resultar tremendamente intenso para nuestro hijo, algunas reacciones empiezan a verse de otra manera.
No siempre estamos ante una rabieta o una mala conducta.
A veces hay un niño que simplemente está desbordado.
El CDC y el NHS incluyen las respuestas inusuales o la búsqueda intensa de determinadas sensaciones entre las características que pueden aparecer en personas autistas. Información del CDC y guía del NHS.
8. Necesita mucha previsibilidad y los cambios le resultan especialmente difíciles
Todos los niños pueden enfadarse cuando cambiamos un plan.
Pero en algunos niños autistas la necesidad de mantener determinadas rutinas o anticipar lo que va a ocurrir puede ser mucho más intensa.
Un cambio inesperado puede provocar:
- ansiedad;
- frustración;
- bloqueo;
- llanto;
- o una reacción que desde fuera puede parecernos desproporcionada.
También pueden necesitar realizar determinadas actividades siguiendo siempre el mismo orden.
Conocer esta necesidad puede ayudarnos a anticipar cambios y preparar mejor determinadas situaciones.
El CDC incluye la dificultad ante cambios pequeños y la necesidad de determinadas rutinas entre las características asociadas al autismo. Puedes consultarlo aquí.
9. Tiene intereses especialmente intensos o específicos
Todos los niños tienen cosas que les apasionan.
La diferencia puede estar en la intensidad, en el tiempo dedicado al interés o en la dificultad para pasar a otras actividades.
Un niño puede llegar a conocer una cantidad sorprendente de información sobre un tema concreto y querer hablar de él continuamente.
Estos intereses no tienen por qué ser algo negativo.
De hecho, pueden convertirse en una estupenda puerta de entrada para conectar con nuestro hijo, aprender juntos o trabajar otras habilidades.
La cuestión es observar si ese interés limita de manera importante otras actividades o genera dificultades en el día a día.
Si te interesa leer una historia relacionada con intereses intensos, creatividad y neurodivergencia, tenemos también este artículo sobre Satoshi Tajiri, Pokémon y neurodivergencia. Ese artículo también lo revisaremos para separar cuidadosamente los datos confirmados de las interpretaciones que circulan sobre su biografía.
10. El juego simbólico o compartido aparece de una manera diferente
Jugar a que una caja es un coche, dar de comer a un muñeco, convertir un palo en una espada o imaginar que somos médicos son ejemplos de juego simbólico.
En algunos niños autistas este tipo de juego puede aparecer más tarde, ser menos frecuente o desarrollarse de una manera diferente.
También puede ocurrir que el niño utilice un objeto repetidamente de la misma forma o se interese especialmente por alguna de sus partes.
Como ocurre con todas las señales anteriores, lo importante no es observar una conducta aislada, sino comprender el conjunto del desarrollo del niño.
El NHS incluye entre las posibles características del autismo no participar en determinados juegos imaginativos o disfrutar especialmente de acciones repetitivas. Puedes ampliar la información aquí.
Hay otra señal a la que merece la pena prestar especial atención: la pérdida de habilidades
Hay algo que prefiero separar de las diez señales anteriores.
Si un niño pierde habilidades que ya había adquirido —por ejemplo, deja de utilizar palabras que antes utilizaba o pierde determinadas capacidades comunicativas o sociales— conviene comentarlo cuanto antes con un profesional sanitario.
No significa automáticamente que exista autismo.
Pero una regresión en el desarrollo merece ser valorada.
Entonces… ¿cómo sé si debería preocuparme?
Esta probablemente sea la pregunta que estás intentando responder si has llegado hasta aquí.
Y me gustaría poder darte una fórmula sencilla.
Pero no existe.
Un niño puede presentar alguna de estas características y no ser autista.
Y un niño autista puede no presentar muchas de ellas de la manera que nosotros imaginamos.
El CDC recuerda expresamente que algunos niños sin autismo también pueden mostrar algunas de estas características. Puedes consultar aquí la explicación completa.
Lo que yo he aprendido durante este camino es a cambiar ligeramente la pregunta.
En lugar de pensar constantemente:
“¿Hace esto porque es autista?”
puede ser más útil preguntarnos:
“¿Hay algo en su desarrollo que me preocupa o que está dificultando significativamente su día a día?”
Si la respuesta es sí, merece la pena preguntar.
¿Qué hago si observo varias de estas señales?
Un buen primer paso puede ser comentarlo con el pediatra y explicarle exactamente qué estás observando.
Intenta contar situaciones concretas:
- qué ocurre;
- cuándo sucede;
- desde cuándo;
- en qué situaciones aparece;
- qué cosas te llaman especialmente la atención;
- y si ocurre también en la escuela infantil o el colegio.
Las pruebas de cribado no sirven por sí solas para diagnosticar autismo. Cuando aparece alguna preocupación, pueden indicar que merece la pena realizar una evaluación más profunda. El CDC explica que el diagnóstico se basa en la historia del desarrollo y en la observación del comportamiento, no en una única prueba médica. Puedes consultar aquí cómo funciona el proceso de detección y diagnóstico.
Y aquí quiero decirte algo desde mi propia experiencia.
Si llevas tiempo sintiendo que algo ocurre, preguntar no significa que estés exagerando.
La Asociación Española de Pediatría recuerda precisamente la importancia que pueden tener las primeras preocupaciones e intuiciones de las familias. Puedes leer aquí su información sobre señales de alerta.
Yo también pasé por ese proceso de dudas, intuición, búsqueda de respuestas y miedo a equivocarme. Lo cuento con más detalle en mi experiencia hasta llegar al diagnóstico de autismo de mi hijo.
Una valoración no debería consistir únicamente en poner una etiqueta
Esta es otra idea que me habría gustado comprender antes.
Consultar no significa necesariamente ir buscando un diagnóstico.
Una valoración debería ayudarnos a entender mejor:
- cómo se está desarrollando nuestro hijo;
- cuáles son sus capacidades;
- qué cosas le resultan más difíciles;
- qué apoyos puede necesitar;
- y qué podemos hacer en casa y en el colegio.
El CDC explica que una evaluación formal puede incluir observación del niño, información de los padres o cuidadores, cuestionarios y diferentes pruebas, y que puede estar realizada por distintos profesionales especializados. Puedes consultar aquí cómo se realiza una evaluación del desarrollo.
Y si durante este proceso empiezas a encontrarte términos como neurodivergencia, neurodiversidad o neurotípico y no tienes muy claro qué significan, puedes leer nuestra guía sobre qué es la neurodivergencia, algunos ejemplos y cuándo buscar una valoración profesional.
¿Qué profesionales pueden ayudarnos?
Dependerá siempre de las necesidades concretas del niño.
En una valoración o intervención pueden participar distintos profesionales, como:
- pediatras;
- psicólogos infantiles;
- neuropsicólogos;
- logopedas;
- terapeutas ocupacionales;
- fisioterapeutas;
- profesionales de atención temprana.
No significa que todos los niños necesiten pasar por todos ellos.
De hecho, una de las cosas que debemos evitar es pensar que recibir un diagnóstico significa automáticamente llenar la agenda del niño de terapias.
Los apoyos deberían tener un objetivo claro y responder a las necesidades reales de ese niño.
Por ejemplo, cuando existen dificultades relacionadas con autonomía, organización o determinadas actividades cotidianas, puede resultar útil conocer el papel de la terapia ocupacional en niños con TDAH y otras necesidades del desarrollo.
La intuición de una madre también cuenta
Esto no significa que las madres podamos diagnosticar a nuestros hijos.
No podemos.
Pero somos quienes los vemos cada día.
Sabemos cómo juegan, cómo se comunican, qué situaciones les generan dificultades, qué cosas les hacen disfrutar y cómo reaccionan cuando algo cambia.
Por eso, si hay algo que lleva tiempo preocupándote, no necesitas esperar a que la situación sea “suficientemente grave” para preguntar.
Consultar con un profesional puede servir simplemente para despejar dudas.
Y si finalmente tu hijo necesita algún tipo de apoyo, habrás dado un primer paso muy importante:
intentar comprender mejor qué necesita.
Preguntas frecuentes sobre las señales tempranas de autismo
¿Una sola señal significa que mi hijo tiene autismo?
No.
Una única característica no permite saber si un niño es autista. Muchas de estas conductas también pueden aparecer durante el desarrollo infantil o estar relacionadas con otras circunstancias.
El diagnóstico requiere valorar el desarrollo y el comportamiento del niño en conjunto. El CDC explica aquí cómo se realiza el proceso diagnóstico.
¿A qué edad pueden aparecer las primeras señales?
Algunas diferencias pueden observarse durante los primeros años de vida, aunque la edad y la forma en que aparecen varían mucho entre niños.
En otros casos se hacen más evidentes cuando aumentan las demandas sociales, comunicativas o escolares. El NHS explica que las señales pueden observarse muy pronto o hacerse más visibles posteriormente.
¿Un niño que mira a los ojos puede ser autista?
Sí.
El contacto visual por sí solo no permite determinar si un niño es o no autista. Algunas personas autistas utilizan contacto visual y otras lo utilizan de una forma diferente.
¿Un retraso del lenguaje significa que mi hijo tiene autismo?
No.
El retraso del lenguaje puede tener distintas causas y por sí solo no permite determinar si existe autismo.
¿Dónde puedo acudir si tengo dudas?
Puedes empezar comentando tus preocupaciones con el pediatra.
Dependiendo de la edad del niño y de las características que observes, podrá orientarte sobre los siguientes pasos y sobre la conveniencia de realizar una valoración especializada.
Entender antes que etiquetar
Cuando empezamos a sospechar que nuestro hijo puede desarrollarse de una manera diferente es completamente normal querer respuestas cuanto antes.
Yo también las busqué.
Pero con el tiempo he aprendido que quizá la pregunta más importante no sea únicamente:
“¿Tiene autismo?”
Sino también:
“¿Qué necesita mi hijo y cómo puedo ayudarle?”
Un diagnóstico, cuando existe, puede ayudarnos a comprender muchas cosas y abrir la puerta a determinados apoyos.
Pero nuestro hijo sigue siendo exactamente el mismo antes y después de recibirlo.
Con sus dificultades, sus capacidades, sus intereses, su personalidad y su manera particular de relacionarse con el mundo.
¿Necesitas encontrar un profesional?
Una de las razones por las que nació Terapias Infantiles fue precisamente facilitar ese momento en el que sabemos que queremos buscar ayuda, pero no tenemos muy claro por dónde empezar.
En nuestro directorio puedes encontrar profesionales de psicología infantil, logopedia, terapia ocupacional, fisioterapia y otras disciplinas relacionadas con el desarrollo infantil.